viernes, 6 de abril de 2012

Mi Semana Santa

Como todos los años en esta época, afloran nuestros sentimientos más profundos hacia la Semana Santa y sus diferentes maneras de celebración. La Semana Santa, como su propio nombre indica, es una fiesta religiosa, lo cual levanta pasiones tanto en un lado como en otro.

Yo no soy creyente, pero hay cosas que a veces se llevan dentro. Cada uno sabrá por qué. Yo sé por qué lo llevo yo. Pero me parece absurdo tener que andar justificándome todos los años. ¿A tí no te gusta? Me parece maravilloso, pero a mí sí. ¿Es que todo el mundo que sale en la Ofrenda del día del Pilar en Zaragoza es creyente? No, pero la Pilarica es la Pilarica. ¿Todos los que salen a hacer la Ofrenda a la Virgen del Remedio de Alicante son creyentes? Ni mucho menos, pero cada uno sabe por qué sale o deja de salir.

Yo llevo toda la vida viendo procesiones, de hecho nací en Semana Santa. Preguntadle a mi madre cómo le daba yo al bombo antes de salir de él. Mi madre lleva toda la vida viendo procesiones. ¿Por qué? Porque mi abuelo fue hermano fundador de una cofradía y salía tocando el tambor. Lo hemos mamao desde pequeños y eso se tiene que notar. Que lo podíamos haber aborrecido, claro que sí, pero no ha sido el caso.

 


Pero no me pongáis de santurrona. Ni dejo de comer carne, ni me echo a llorar cuando veo desfilar los pasos, odio las saetas con toda mi alma, se me revuelve el estómago cada vez que alguien le grita guapa a una Virgen, y la Semana Santa andaluza me resbala. Sobretodo cuando hay elementos como el que comentó este vídeo que subí hace unos años:


Pero bueno, que indeseables hay en todas partes, no es porque sea del sur. De hecho yo ahora vivo en Alicante, si eso se considera sur, y salgo a ver procesiones. Hay cosas que no me gustan (donde esté un bombo que se quiten todas las cornetas), pero es algo que me gusta hacer.

Viernes Santo. A las 12 sale la Cofradía de las Siete Palabras de la Iglesia de San Cayetano (C/ Manifestación) y todos vamos a verla, mi madre, mi hermano, mi padre, mis tías, mi abuelo, y seguramente nos encontremos con mis primos en algún punto. Mi abuelo me dice por qué tocan así y no tocan asá, se enfada porque alguien no lleva el calzado que debiera, y de vez en cuando alguna anécdota (como cuando mi tío se fue a poner su capirote y no reparó en que estaban los palillos dentro). 
Entre parada y parada del Via Crucis, mi hermano, mi padre y casi siempre mi madre hacemos corrillo y comentamos la jugada. Mi padre entona Jesucristo Superstar según el momento, o con voz de madre de Brian dice "¡Más alto!", o hace comentarios acerca de los tocados de los soldados romanos de los pasos y demás chistes (Ave César - Pasa que está abierto).

La última vez que pasé la Semana Santa en Zaragoza fué así, pero nunca va a volver a ser así. Nadie me va a volver a contar anécdotas de la cofradía, y nadie me va a volver a contar los mismos chistes todos los años.

No pido comprensión, ni respeto. Sólo quiero decir que, mientras todos vosotros os quejáis de que todos los años tenéis que aguantar la misma mierda, yo firmaría ahora mismo por volver a vivir la Semana Santa de todos los años.